Opinión| El destapador y la danza de las corcholatas

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El destapador y la danza de las corcholatas

Por: Luz María Sánchez S.

Se abrió la caja y saltaron las corcholatas. El destapador más animado ha sido el Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien disfruta de su nuevo juego. Enterró la vieja costumbre del “tapado”, pero inventó una nueva tradición, la de las corcholatas, tan pintoresca como su creador y recibida con alegría por la nueva clase política, hoy por hoy, dicharachera, despreocupada por cumplir las normas legales y fiel al mandato de su único y bien ponderado líder, “señor” o, mejor dicho, patrón de MORENA.

Hace aproximadamente un año, el primer mandatario ya jugueteaba con la burlona idea de acabar con el “tapadismo”, aquella tradición sobrentendida de la política mexicana que se acuñó en los sexenios priistas posrevolucionarios para ir cediendo, un año antes de concluir el sexenio, el gran trono de la silla presidencial al sucesor que habría de heredar el gran poder presidencial.

Múltiples anécdotas e historias rodeaban ese ritual que iniciaba un año antes de concluir el sexenio con misteriosos cónclaves entre Fidel Velázquez el líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), máxima representación gremial del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y el Presidente en turno. Y de lo cual se recreaban crónicas en todos los círculos políticos y periodísticos.  

Hoy, López Obrador con su peculiar visión de la democracia, se burla de aquella tradición que, él como militante priista vivió desde adentro del tricolor e instaura ahora otra más populachera para inducir la lucha interna de MORENA, por la sucesión presidencial, tratando de probar qué a diferencia de los mandatarios priistas, con sus corcholatas, él no perderá fuerza a partir de revelar al “tapado”, porque él mismo es quien esta dejando correr a sus discípulos en una competencia infernal, llamada encuesta a modo, pero al final será él, el máximo juez que elija a su corcholata preferida.

Cada mañana, de lunes a viernes, el Presidente asegura que ya nada es como antes; qué se acabaron los peores vicios, no sólo el de la corrupción y la impunidad, si no de todas las formas obscuras y mañosas de los gobiernos neoliberales, pero si antes nos regíamos por un presidencialismo a ultranza, hoy tenemos un régimen no igual, si no remasterizado y con una dosis extrema de autoritarismo, signo de la 4T.

En las últimas semanas, hemos sido testigos de grotescos y hasta ridículos episodios del partido gobernante y sus funcionarios qué embriagados de soberbia, no sólo han violado la ley electoral, si no que insultan la inteligencia de millones de mexicanos que, por cierto, no son los que acuden a sus mítines. Así, tras el triunfo electoral en cuatro estados del país, se han volcado, sin pudor, a desplegar propaganda electoral en bardas en favor de la Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheimbaum y en vehículos con fotografías del Secretario de Gobernación, Adán Augusto López.

Las crónicas abundan acerca de lo sucedido el domingo 12 de junio en la icónica plaza principal de Toluca, Estado de México, para presentarse como la única opción electoral no sólo para esa entidad, si no que utilizaron su asamblea pública para lanzar abiertamente a tres de las corcholatas o aspirantes presidenciales, mencionados por López Obrador, en lo que se ha calificado como un evidente acto anticipado de campaña.

Mientras la necia realidad de violencia, protestas por promesas incumplidas no se ajusta al discurso oficial que describe a un país inmerso en un ambiente de paz y felicidad, en donde habita la esperanza de un pueblo bueno, este verano se antoja sofocante por la lucha político-electoral que ya comenzó con la danza de las corcholatas.

Ya bendecidos por el destapador de Palacio Nacional, las tres corcholatas oficiales: Claudia Sheimbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López empezaron la fiesta con el permiso de su mentor. Se preguntará usted ¿Con qué recursos? ¡Eso es lo de menos! Para eso existen los presupuestos de los programas sociales y de comunicación social, como es el caso de la Ciudad de México en donde ya se están empleando puntualmente. Así, a pesar de la obligada ausencia de la Jefa de Gobierno por haber contraído Covid por segunda ocasión, el pasado fin de semana, se llevó a cabo la magna clase de box en la Plancha del Zócalo rompiendo un récord Guinness, con una emotiva concentración de más de 15 mil personas, pintándola con los colores de la Bandera Nacional. Gran espectáculo, gran circo para los seguidores de MORENA. Sin duda, la corcholata preferida empieza a mostrar músculo en la capital del país, aunque las encuestas reflejan su poca simpatía entre los habitantes de la Ciudad de México, quienes tienen mucho que reclamarle antes de verla placearse con una sonrisa fingida como precandidata presidencial.

Otra corcholata que ya se había tardado en rodar es el Canciller Marcelo Ebrard, uno de los funcionarios más solicitado por el Presidente por su experiencia en sacarlo de apuros y por su multifacética disposición como servidor público. El Secretario de Relaciones Exteriores, ya sin sonrojos, comenzó su autopromoción en redes sociales para, abiertamente, ofrecer un número de WhatsApp para atender y responder cualquier duda o comentario. Al mismo tiempo, aprovechando el fin de semana, públicamente en la ciudad de Guadalajara habló de su aspiración «A mí el Presidente ya me destapó cinco veces en las mañaneras, entonces ya me pueden ustedes considerar que estoy destapado, entonces ya somos una corcholata reconocida«. Ah, pero eso sí, exigiendo suelo parejo en las encuestas. ¿Sospechará algo? Y mientras anunciaba que empezaría una gira por todo el país, el Covid hizo de las suyas. Resguardado en su casa, Ebrard tuvo que salir en sus redes sociales, ya identificado como nueva corcholata a reconocer que había contraído el virus, pero dando la certeza de que se estaba recuperando para la batalla que inicia.

En la casona de Covián, desde las calles de Bucareli, aguarda la tercera corcholata, el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López, quien espera “los tiempos perfectos del señor (López Obrador)” para comenzar su autopromoción, que no tardará mucho, al menos ya imitó al Canciller y se puso a disposición del pueblo, con un número de WhatsApp para atender cualquier pregunta o comentario.

Sin embargo, aunque incomode a los disciplinados morenistas, hay una cuarta corcholata, más que visible, pero que no pertenece a la caja que destapó el Presidente. Abandonado, sin el cariño de su mentor, el senador Ricardo Monreal, desde su encargo como Presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara Alta, camina solo y se autopromociona a cada momento. Maneja sus redes de manera oportuna y siempre tiene un discurso conciliador. El senador Monreal está listo para dar la sorpresa, en cualquier momento, y tomará alguna de estas decisiones: jala con MORENA y se alinea al método de la encuesta a modo; decide abandonar la caja de corcholatas “lopezobradoristas” y rodar por su propia cuenta para encabezar una candidatura independiente o unifica a una oposición desbalagada, perdida, desacreditada y hasta temerosa de enfrentar el 2024.

La estrategia del destapador y la danza de las corcholatas apenas comienza en una carrera que pinta para el desgaste de más de dos años, mientras el país reclama gobernanza, seguridad, estabilidad económica y no más pan y circo de campañas distractoras.   

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