Silogismos| Habló la Piedra

Antonio Ortigoza Vazquez Nuestras plumas Silogismos

Habló la piedra

Por Antonio Ortigoza Vázquez/@ortigoza2010

La señora dio lectura al mamotreto que escribieron al alimón, «El Fisgón», Pedro Miguel, Salmerón, et al.

Se refirió, evidentemente, a las protestas por las elecciones de 1952, con Ruiz Cortines por el  PRI y Henríquez Guzmán  por una coalición de partidos pequeños, como el PPS, denominada «Federación de Partidos del Pueblo» (FPP). Fue cuando tuvo lugar una escandalosa escisión entre grandes personajes del oficialismo, entre ellos, nada menos que el general Marcelino García Barragán (sí, el de Tlatelolco) y muchos otros. Fue cuando Francisco J. Mújica acusó en un discurso en un mitin muy nutrido a Ruiz Cortines de haber colaborado con los marinos yanquis en la invasión de Veracruz en 1914.

El general Cárdenas, como era su costumbre, mandó a su esposa doña Amalia y a Cuauhtémoc, entonces muy jovencito, a coquetear con los opositores, porque le molestó la postulación oficial. Lo llamaron a cuentas a Los Pinos, donde Alemán le propuso contratos en Pemex y de obras públicas para sus prestanombres y asunto arreglado.

Acto seguido, el general hizo su tremebunda declaración: «Yo no soy bandera de nadie». Dejó colgados de la brocha a los henriquistas y el general Mújica, su amigo del alma, rehusó recibirlo en su lecho de muerte y al único personaje que admitió fue a su amigo el doctor Ignacio Chávez.

La campaña oposicionista la manejó el general García Barragán. Mi amigo Pedro Sáenz Arrocha (quien años después fue una especie de guardaespaldas «intelectual» del Ché Guevara) me platicó que era joven estudiante preparatoriano en Torreón y le tocó ver al general sacar de la cajuela de su auto grandes bolsas de dinero en efectivo para ser distribuido entre células estudiantiles clandestinas.

Después, Henriquez y su hermano Gustavo negociaron y consiguieron jugosos contratos, pero eso sí: una manifestación de campesinos del Bajío, Cristeros los pobrecitos, hicieron una manifestación frente a la Alameda. Un amigo periodista, Benjamín Flores de la Vega (ya finado), me platicó que andaba por esos rumbos  y que vio los carros de combate del Ejército tomar posiciones, con ametralladoras instaladas, de esas con tanque de agua para enfriar el cañón. Se habló de dos mil campesinos muertos.

Me parece curioso que ese episodio se maneje ahora por los “chairos”; nunca antes lo habían hecho, porque pese a que izquierdosos «radicales» como Mújica estuvieron involucrados, el grueso de la oposición eran grupos de panistas, cristeros, clasemedieros católicos, y además, como ese episodio exhibió al general Cárdenas, pues lo callaban.

Pero no mencionaron 1940, cuando también surgió oposición muy fuerte contra el candidato oficial, Ávila Camacho y el general con mayores méritos en campañas militares en ese momento, Andreu Almazán, tenía las simpatías del respetable.

Fue cuando el Alazan Tostado, Gonzalo N. Santos se vistió de luces «en la toma» de casillas con la pavorosa ametralladora «Thompson» en ristre y en sus memorias se ufana de haber dejado a los almazanistas «bien surtidos de plomo».

Pero el principal responsable de eso fue el general Cárdenas y los “chairos” de entonces y de ahora lo callan como los pecados de familia.

El caso es que es totalmente estúpido ligar todo eso con el INE. Pero esa señora lee lo que le ponen enfrente y dice todas las barrabasadas que le ordenan.

De Tor

A todas aquellas amistades que me tendieron la mano en estos momentos, donde la salud ha perdido fuerza en mi humanidad, les doy las gracias. Hoy, camino los senderos de la recuperación, la cual es lenta y dolorosa, hoy doy pasos importantes para llegar a la meta de la plena salud.

Aquellos, que me negaron su mano, también les doy las gracias, a los que me mintieron, bendiciones. Mi puerta se ha cerrado para ellos.

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