Morir con dignidad: eutanasia y suicidio asistido en México

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Morir con dignidad: eutanasia y suicidio asistido en México

Por: Ana Luisa Nerio Monroy/México Social

La vida y vivir con dignidad es un derecho humano, por tanto, pensar en una muerte digna es también parte de los derechos que toda persona tiene. Por ello, la eutanasia y el suicidio asistido, forman parte de lo que especialistas en el tema señalan como parte de un ejercicio de libertad y autonomía. Si bien la muerte es un hecho biológico del que nadie escapará, lo que puede discutirse es “la forma de morir”, en qué condiciones deseamos morir y qué significa para nosotros el bien morir o morir dignamente.

El pasado 1 de abril, diversos medios de comunicación difundieron la decisión del actor Alain Delon de recibir la eutanasia, lo que es inexacto ya que, en Suiza, país donde radica el actor, no es legal, pero sí el suicidio asistido.

La decisión, de acuerdo a lo manifestado por el actor francés de 86 años, fue tomada de manera consciente, libre y voluntaria y ante el hecho de considerar que su salud está sumamente deteriorara. El actor no desea tener una larga agonía y prefiere morir en paz y con dignidad. El que figuras públicas a nivel mundial como el señor Deloin, compartan estas decisiones, nos permite reflexionar sobre la eutanasia y el suicidio asistido como medios para ejercer el derecho humano a una muerte digna o al bien morir.

Es importante diferenciar entre eutanasia y suicidio asistido.

La eutanasia implica contar con asistencia médica para morir y se aplica a pacientes con enfermedades terminales. Hay una manifestación previa del deseo de terminar con la vida, cumpliendo con ciertos requisitos médicos y legales.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la eutanasia como la acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente. La eutanasia acelera la muerte e implica el suministro de algún fármaco que permite a la persona morir.

Por su parte, el suicidio asistido o eutanasia pasiva (también se le puede encontrar como cooperación para el suicidio), no requiere de la intervención de personal médico, es la propia persona (a veces con ayuda de alguna otra), quien se suministra o consume el fármaco (recetado) para morir.

Existe, además, la sedación paliativa (cuidados paliativos), que es aquella que se suministra para que no haya dolor. Puede estar acompañada de tratamiento médico para mantener a la persona con vida. La sedación terminal, por otro lado, se administra sólo para evitar dolor físico o sufrimiento, pero ya no se acompaña de ningún otro tratamiento para mantener la vida o con idea de una posible cura. Es como su nombre lo indica “terminal” y es únicamente para evitar dolor a la/el paciente en tanto fallece.

La práctica de la eutanasia, así como del suicidio asistido, están envueltas en grandes polémicas religiosas, éticas, científicas y legales. La eutanasia ha existido y existe en todo el mundo y épocas, aunque se oculta o disfraza su práctica. Si bien hay profesionales de la medicina que ayudan a sus pacientes a terminar con el sufrimiento y agonía de enfermedades terminales o muertes dolorosas, también existe un amplio un sector que se niega a aplicar la eutanasia o el suicidio asistido puesto que, en principio, su mandato profesional y ético es curar al enfermo y preservar la vida.

Desde el punto de vista religioso, al menos en el catolicismo, la vida es sagrada y solamente Dios la da y Dios la quita. La intervención humana para terminar una vida está prohibida y el suicidio es también considerado pecado.

En las sociedades con cultura judeo-cristiana como la mexicana y las latinoamericanas lo religioso trasciende e influye en las decisiones legales, de política pública y hasta en las científicas. Es importante recordar que contar con un marco legal favorable a la eutanasia o al suicidio asistido no obliga a nadie a utilizarla. Pero sí protege o reconoce el derecho de quienes desean recurrir a estas opciones para el bien morir.  

Ahora bien, es verdad que como otra cara de la moneda al cuestionarse sobre este tema surge la duda de hasta qué punto, de aceptar con mayor apertura el suicidio asistido y sobre todo la eutanasia, se podrían presentar casos de abusos en contra de personas enfermas o personas mayores. Al menos en América Latina y México hay serias dudas sobre la posibilidad de que en el corto y mediano plazo pueda legislarse sobre este asunto.

La eutanasia es legal en pocas partes del mundo. Lo que reafirma la complejidad que su reconocimiento y aplicación implica. Países Bajos fue el primer país en legalizarla en el 2002. Después se sumaron Bélgica, Luxemburgo, Colombia, Canadá, Nueva Zelanda y España, éste último, el primero y único de tradición católica que lo ha hecho.

En México, la Ley General de Salud prohíbe la eutanasia en su artículo 161 Bis 21, “Queda prohibida, la práctica de la eutanasia, entendida como homicidio por piedad, así como el suicidio asistido conforme lo señala el Código Penal Federal, bajo el amparo de esta ley”.

Sin embargo, la que sí está regulada es la voluntad anticipada como es el caso de la Ciudad de México, primera entidad en reconocerla, mediante la Ley de Voluntad Anticipada (2008). Esta ley permite que se rechacen tratamientos que prolongan la vida, o que ya no ayudan a la persona y le causan sufrimiento.  La persona decide antes de que su salud se deteriore de tal manera que no pueda expresar su voluntad, cuáles tratamientos va a recibir y cuáles no, a fin de evitar prolongar innecesariamente su vida.

Mediante esta voluntad anticipada, que debe manifestarse por la persona enferma de manera consciente y libre, a través de un documento notarial o un formato especial, se rechazan tratamientos que prolonguen la vida, a fin de evitar dolor y sufrimiento. Esto bajo el entendimiento de que su enfermedad no tiene cura.

La ley específica que la persona enferma recibirá cuidados paliativos y en su caso, sedación controlada para que no sufra.  Además de la Ciudad de México existen leyes para la voluntad anticipada en los estados de Coahuila, Aguascalientes, San Luis Potosí, Michoacán, Hidalgo, Guanajuato, Guerrero, Nayarit, Estado de México, Colima, Oaxaca, Sonora, Yucatán y Tlaxcala.

Finalmente vale la pena señalar que en los estados donde hay leyes para la voluntad anticipada, no es necesario tener una enfermedad terminal para solicitarla.  Cualquier persona mayor de 18 años puede manifestar su voluntad anticipada cumpliendo los requisitos de la ley, como una medida preventiva para asegurarse una muerte digna. La idea es a final de cuentas, morir sin sufrir, con cierta calma y sin dolor. Morir con dignidad.

Fuentes consultadas: UNAM, notas en medios de comunicación (2020-2022), Gaceta Oficial de la Ciudad de México.

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