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El infame deporte presidencial no es el beis

Por: Moisés Sánchez Limón

¿A poco no?

La bachiller y desmentidora oficial con sueños de legisladora, Ana Elizabeth García Vilchis, debió haber incluido a Su Alteza Serenísima Andrés Manuel I en la sesión de la mañanera de media semana, en eso que bautizó el propio Duce como Quién es quién en las mentiras de la semana.

Porque, a menos que usted diga lo contrario, el licenciado presidente miente como respira y ha encontrado en los medios de comunicación y líderes de opinión, que generaliza con el gremio de los periodistas al pretexto perfecto para sus desahogos personales, cobros de facturas, actos de contrición y venganzas como Torquemada, juez y parte que todos los días envía al cadalso a quienes llama contrincantes.

Además, del desacato a lo que dicta la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes secundarias que de ella emanan, ha hecho el infame deporte presidencial. Ahí tiene usted cómo impunemente desatiende ordenamientos del Instituto Nacional Electoral y lo descalifica acusándolo de boicotear a la consulta popular de la revocación de mandato.

Pero, vamos por partes. García Vilchis tiene sueños de legisladora porque en el corolario de su presentación de los miércoles recita: “es cuanto, presidente”, frase que diputados y senadores utilizan cuando concluyen sus intervenciones en tribuna.

Lo cierto es que García Vilchis debe incluir con mención honorífica y maestro del mal decir al licenciado presidente en el catálogo de mentirosos.

Lea usted lo que Su Alteza Serenísima dijo en la conferencia del miércoles, en vivo y a todo color, no en enlace nacional ni de frontera a frontera, aunque él sostenga lo contrario.

“Esta conferencia de prensa, no es para presumir, pero la ven en todo el país o la escuchan o la ven en todo el país y es una forma de saber lo que está sucediendo, la gente se informa. No es el único medio de información, pero sí tiene muchos, muchos seguidores. El otro día me decía una gente de que se levanta y a ver la conferencia, me decía un señor de Oaxaca”, sostuvo Andrés Manuel I.

¿Muchos seguidores? ¿Cómo cuántos? ¿5 millones? ¡No!, menos, como 10, parafrasearía doña Beatriz al culto Peña Nieto,

Es vox populi que sólo soportan la soporífera homilía con brochazos de historia patria y anécdotas personales, los contados colegas y la nutrida barra mercenaria que asisten a la mañanera en el Salón de la Tesorería en el Palacio Nacional, cuya propiedad sexenal se adjudicó Andrés Manuel, 

Homilía que tiene, además, el objetivo de echar bajo la alfombra los escándalos escenificados por la familia real y el desmadre que se registra en el gabinetazo, apenas evidenciado con este affaire Scherer—Gertz–Sánchez Cordero, que el licenciado presidente pretende minimizar, restarle importancia porque, aduce, tiene otros asuntos más importantes que atender, cuando algo apesta a corrupción en esos corredores de finas y pulidas maderas por los que rumia el fracaso de la 4T. ¿A poco no?

Fácil, cabalga en lomos de la impunidad con la bandera de honesto y patriota, escurre el bulto y evita explicar qué ocurre con los negocios de su familia y en su gabinete, por qué cobija a quienes han sido acusados, con pruebas, de corrupción y tráfico de influencias, enriquecimiento explicable por la evidencia de la fuente de sus dineros fondeados en México y el extranjero.

Por ejemplo. La “investigación” hecha por Pemex y la empresa Baker Hughes, que exoneró a su hijo José Ramón. ¡Excelente! La investigación realizada por la empresa vinculada al escándalo de la Casa Gris, que su ex alto ejecutivo Keith Schilling rentó al primogénito del Duce y su nuera Carolyn Adams, en la friolera de más de 100 mil pesos mensuales. ¡Una ganga para el asalariado!, aunque –el Duce dixit—, creo que la señora es la que tiene dinero.

Y fue precisamente la bachiller García Vilchis quien dio carpetazo al asunto y desvió la atención hacia otro tema menor, la victimización, de una casota en Houston a una vulgar motocicleta Harley Davidson. ¡Pobre Pepe Ramón!

“(….) para terminar, queremos (¿queremos, amá?) mostrarles cómo se arma un montaje, vamos a mostrarles que el 19 de marzo comenzó a circular en redes sociales un montaje, otro más, contra el hijo mayor del presidente López Obrador.

“Resulta que la señora Paola Migoya, excandidata a la alcaldía de la Ciudad de Puebla, subió una foto truqueada donde se aprecia supuestamente a José Ramón López Beltrán junto a una motocicleta Harley Davidson. Su idea era mostrar una vida de supuestos lujos (¿supuestos?), lo curioso del caso es que el mismo José Ramón aclaró en Twitter que él no sabe manejar motocicleta”. ¡Ah!, caray, la nación estaba preocupada por la moto y la impericia de Pepe Ramón.

Y luego el desacato de un ordenamiento legal, el valemadrismo del licenciado presidente. Resulta que Ezequiel Flores, reportero de la revista Proceso, le pidió su opinión respecto de la petición del INE para que bajaran algunos fragmentos (tuits) de la conferencia mañanera y también a la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum,  por considerar que es propaganda en el contexto precisamente de la consulta de revocación.

–Pues, es lo mismo –argumentó Andrés Manuel–, todo el bloque conservador está muy molesto porque se va avanzando en la transformación del país y estamos cumpliendo con lo que ofrecimos: terminar con la corrupción, con los privilegios, atender al pueblo.

¿Todo el bloque? ¿El INE es órgano colegiado conservador incluidos los representantes de Morena? El reportero pidió opinión respecto de INE, no de las filias y fobias presidenciales.

Después, ya entrado en gastos, Su Alteza Serenísima retomó el caso del Nuevo Aeropuerto Internacional de México que, soportado en una encuesta patito, sepultó en el ex vaso de Texcoco que ya no era lago sino un páramo salitroso, aunque él tiene otros datos.

Y lo tomó como referencia para descalificar a artistas, ambientalistas e indígenas mayas que, mediante un video, demandan cancelar la ruta del Tren Maya que atenta contra la reserva natural y amaga con un grave ecocidio.

La convocante fue Sociedad Civil México, algo que desconocía el licenciado presidente pero acusó:

“¿Cuándo estos artistas, seudoambientalistas, se pronunciaron por la destrucción que se iba a llevar a cabo del lago de Texcoco? ¿Cuándo? Estamos hablando del lago con más historia, es el origen de México Tenochtitlán. ¿Cuándo dijeron algo? Nunca, nada”.

E insistió en acusar a la respetada y reconocida Julia Carabias Lillo, de haber otorgado permiso a una empresa estadunidense para extraer materiales de construcción de un banco ubicado a ¡500 mil metros! –en serio, no se ría—del mar Caribe, cuando fue secretaria de Medio Ambiente, en la administración de Ernesto Zedillo Ponce de León.

¡Candidato a las mentiras de la semana! De primera, bachiller, porque Julia Carabias ha desmentido que el permiso lo haya otorgado por decisión personal y el último día de su gestión en el año 2000. ¡Ay!, Andrés Manuel.

Pero… “¿A qué atribuye la actitud de estos actores y músicos en el contexto que se está dando?”, preguntó Ezequiel Flores.

–Sí, es una campaña en contra, porque son muy conservadores, son fifís—respondió en calidad de víctima el licenciado Andrés Manuel I, aunque le faltó el fondo de los violines de Villa Fontana. ¿A poco no?

Pero, pero…

En el cierre de la homilía de miércoles, después de presumir que un señor en Oaxaca escucha la mañanera, concluyó: “entonces, vamos, vamos bien, vamos avanzando” y aprovechó para descalificar a la radio mexicana, con la muletilla lópezobradoriana. Lea usted.

“Y vamos a seguir siendo muy respetuosos, no vamos de ninguna manera a censurar a nadie, nada más es la réplica, la réplica.

“Y que no digan de que acaparamos ¿no? el manejo de la información, porque nada más pongan el radio, ahora que van a su carro los que tienen vehículo, o en el transporte público, si van escuchando la radio, noticias, y cámbienle, cámbienle, cámbienle, cámbienle, todas las estaciones en contra, todas en contra. Aclaro una cosa: sobre todo en la ciudad. La radio, que era la campeona de la libertad, se echó a perder por completo, se sesgó, ahí están los comentaristas, todos, todos, todos en contra, todos, no hay equilibrio de nada absolutamente”.

¿Y el respeto a la ley, al derecho a disentir, a la libertad de expresión? ¡Ya chole!, Andrés Manuel. Digo.

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