Opinión| Huida del Presidente

Marco Antonio Aguilar Cortés Nuestras plumas

Tiembla en Palacio

Por: Marco Antonio Aguilar Cortés

La mañanera del día del temblor (3 marzo 2022) produjo no sólo aspectos tragicómicos en Palacio Nacional, sino exhibió el egoísmo y el miedo del titular del ejecutivo federal.

Le estaban formulando una pregunta cuando se sintió el sismo de 5.7 grados; dejó la tribuna, caminó más aprisa que de costumbre, atinó a decir un “vamos” impersonal, y desapareció del escenario.

Mientras, uno de sus colaboradores de apellido Mosqueda ordenaba a los periodistas presentes: “sentados… sentaditos… sentaditos…”, sin permitirles la salida.

Qué bueno que el temblor no ocasionó más daños, pero me hizo recordar que cuando un barco se hunde el capitán es el último en abandonarlo; claro, para dedicarse a poner a salvo a todos los tripulantes.

El almirante inglés Fraser no abandonó su buque de guerra Nairobi, hundido por dos buzos italianos, hasta que vio a salvo a su tripulación en la Segunda Guerra Mundial, según la atrayente narrativa del activo escritor español Arturo Pérez Reverte en su libro ‘El italiano’.

Obvio que Palacio Nacional no es un barco de guerra, ni Andrés Manuel López Obrador es un almirante inglés, sino sólo es, como presidente de México, comandante en jefe de las fuerzas armadas.

Descuidado siempre ha sido con la investidura presidencial, pero Amlo debió haber tenido un dejo de mínima cortesía con quienes le hacen el coro en ese teatro cotidiano que ha sido lo esencial en su diario trabajo.

Un labor vacua, ladina, obcecada y repetitiva. La que realiza Andrés Manuel casi siempre desde su casita, sin que haya legalizado el uso de Palacio Nacional como su habitación familiar.

Porque todavía de acuerdo con el vigente Reglamento de la Oficina de la Presidencia de la República, que tiene como ámbito espacial y material de validez a Palacio Nacional, este histórico edificio está dedicado a oficinas, no a casa habitación.

Ya sabemos que la voluntad, caprichosa y ocurrente, de López Obrador es superior a toda norma jurídica, pues el derecho, según su visión, es cosa de “conservadores y neoliberales”; además de que él es “honrado”, y no tiene por qué hacerle caso a ese reglamento.

Pero, ¿de veras será honrado, honrado, honrado el actual presidente?

¿Se puede ser puro, siendo humano?, ¿se puede ser puro cuando se tiene el poder presidencial de más de 7 billones de pesos anuales de ejercicio?

Tengo, para mí, que los que dragonean de puros son los peores. Siempre de lo que presumes careces. Y de esos presuntuosos salen los linchadores, los inquisidores, los fanáticos, los del dogma.

En tratándose de humanos, a quienes cada día sigo conociendo más, prefiero partir de que no hay absolutos, sino de que todo es relativo; y hasta esta afirmación que hago es relativa, a algo o a alguien.

Y tengo el concepto de que hay seres humanos con márgenes muy aceptables de honradez, como existen los que sus márgenes de honradez son muy reducidos o inexistentes, al menos a mi vista.

Y hay quienes evaden su responsabilidad. Andrés Manuel López Obrador da variados ejemplos de ello.

Al parecer, para que él quede supuestamente incólume, otros roban por él.

Recién aseguró: “A mí no me importa el dinero. Mi mujer es la que administra mi ingreso”.

Aquellas ligas con dinero, las cajas y los paquetes con billetes de alta denominación, se han convertido en cuantiosas transacciones modernas, las que habrá que investigar, a futuro, en las cuentas de su esposa, de sus hijos, de sus parientes y de sus colaboradores consentidos.

Hasta de responsabilidades tan humanas huye nuestro presidente.

Y desde ahora se trasluce su huida presidencial para el Día Internacional de la Mujer (8 marzo 2022). Ya los muros de acero de tres metros de alto se han colocado en derredor de “su casita”. Así provoca a las manifestantes, así las trata.

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