Rueda de Molino| México vive un peligro real de inestabilidad mayor…

Jorge Hidalgo Lugo Nuestras plumas Rueda de Molino

México vive un peligro real de inestabilidad mayor, por el odio sembrado desde Palacio Nacional

Por: Jorge Hidalgo Lugo

Lo acontecido en el Estadio Corregidora de Querétaro nos llevó del asombro a la indignación e impotencia ante tanta irracionalidad. Pero la respuesta oficial, la estulticia, las evasivas irresponsables, nos dejan en claro una realidad nacional:

Lo que tenemos no es un presidente, ni por asomo alguien que llegara a serlo.

Hay en cambio en Palacio Nacional un burdo remedo personificado por alguien a quien las frustraciones y complejos han llevado a sembrar el odio y deseo de exterminio de quien se vea, sienta o se manifieste diferente.

No se trata tampoco de justificar el salvajismo con que esos primates atacaron a los aficionados del Atlas, como tampoco politizar un tema que debiera quedar en lo estrictamente deportivo y su ineficiencia administrativa que permitió se desataran los demonios en el Corregidora.

Lo que es obligado para el análisis son los antecedentes, el contexto de lo que acontece con el cotidiano andar porque es innegable que hoy al frente del país se tiene a un siniestro personaje obstinado y obtusamente resuelto, a dividir a México en los que están con él y los que están en contra de él.

Bajo esta premisa y en el agobio matinal de satanizar, perseguir, colocar estigmas, acusar, perseguir, amenazar y echar la culpa a diestra y siniestra, pero nunca aceptar responsabilidades propias, tiene ahora frutos en una sociedad que no respeta y ve como enemigo a destruir, a quien no sea considerado su igual, de los suyos, como lo instruye su mesías.

Las respuestas a lo acontecido en el estadio de fútbol convertido en una caja de resonancia para el escarnio de lo que ven como el México de hoy en el mundo, son por igual desafortunadas pero entendibles en una mentalidad retorcida y enferma, que busca siempre acomodar en sus casilleros lo que considera conveniente, y salpica veneno a lo que considera inconveniente.

En contra parte, lo acontecido en territorio de sus aliados con ligas criminales, tiene un trato diferente, un discurso menos lesivo y hasta confortante, siempre tratando de llevar agua a su molino.

Tenemos como ejemplo lo sucedido en San José de Gracia, donde su ineficacia e irresponsable permisividad, dieron paso a un fusilamiento dantesco, captado en video y difundido en redes sociales, sin lograr una reacción de Estado, sino frases sueltas, argucias evasivas.

Del no hay cuerpos, no hay evidencia que sea cierto, como primera actitud para negar lo inocultable, a la tesis de una confrontación que nunca se acreditó porque el fuego salió de un sólo bando hasta la que se quiso disculpa oficial, que se trató de un problema entre bandas criminales y que entre ellos es la forma que tienen de dirimir sus diferencias.

Nunca un posicionamiento firme, serio, severo, de ir en contra de esas bandas criminales que siguen en disputa del territorio nacional que consideran como propio, ante la complicidad siniestra del Estado que se mantiene en su confortable posición de dejar hacer y dejar pasar, para así pagar favores electorales recibidos en Michoacán como en todos los demás estado donde Morena hoy ha llevado muerte, destrucción y baño de sangre a raudales.

En cambio lo acontecido en Querétaro, un estado anti López Obrador, con un crecimiento económico importante, un desarrollo sostenido que es envidia para otros del centro del país, como Michoacán, el señalamiento severo, irrefutable, sin tapujos:

 “Son resabios de los gobiernos neoliberales anteriores o de todo el periodo en que se apostó a la corrupción y a la impunidad”.

Momento oportuno para incendiar más la pradera como es pasión del vecino del zócalo capitalino:

 “Se debe continuar moralizando al país y atendiendo los orígenes de la violencia, las causas… antes se pensaba que sólo con medidas coercitivas se podía resolver el problema de la inseguridad y la violencia en México, eso era relativo porque los gobiernos estaban en manos de la delincuencia”.

Luego entonces si la violencia, los criminales se refocilan haciendo de las suyas es en praderas morenistas, hay justificación desde el patíbulo mañanero. Pero si el escenario cambia de color, entonces sí se señala con índice flamígero y es criminalizado con perversidad siniestra para enunciar semejanzas que avalen su dicho.

Por ello insistió en la cifra extraoficial de 17 fallecidos que inicialmente se manejó en las informaciones por redes sociales, y la semejanza en lo acontecido en San José de Gracia donde igual número de muertos se dijo al principio, habían sido ejecutados en el paredón de fusilamiento, hasta hoy sin comprobar “porque sin cuerpos no hay evidencias”.

No obstante el dato fue aprovechado para su muy particular estilo de victimizarse al decir que en Michoacán fue una información falsa difundida por sus opositores, pero en Querétaro se aceptó de inmediato aunque con la recomendación de ver las cosas “con mucha objetividad, no hacer apología de la violencia”.

El prisma del opresor a conveniencia patológica, que con estos acontecimientos ha encontrado una tregua en el escándalo mediático en torno a la Casa Gris y la vida suntuosa de su hijo José Ramón, el auto motejado Junior de la 4T, a la que se agrega la nueva canallada donde estarían involucrados su fiscal carnal y magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que sólo velan por los intereses de lo que les ordenan desde Palacio Nacional.

En tanto surgen más estratagemas distractoras para alimentar la caja china, México se tiñe de sangre, transita sin gobierno al frente y va en ruta de colisión, con las consecuencias ya conocidas, pero las que están por venir, pueden ser cosa de niños con lo que hasta ahora hemos visto y vivido.

Ojalá y no, pero en manos de un opresor sin control y contrapesos que pudieran hacerle mella, México vive un peligro real de inestabilidad mayor y sus habitantes, incluyendo feligreses y adoradores que no atinan a verlo, mucho menos a reaccionar, todos vamos en el mismo barco.

Vale…

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