¿La pandemia… ya terminó?

Investigaciones marzo

¿La pandemia… ya terminó?

Por: Rosalinda Cabrera Cruz

Cuando una enfermedad azota al mundo se producen grandes cambios, lo hemos visto tras las grandes pandemias que se han registrado en tiempos recientes, como la de gripe española de 1918 y que tardó 3 años en ser erradicada, pero que dejó nuevos sistemas de salud en todo el planeta. El padecimiento en turno todo lo transforma: la economía, la educación, la percepción y costumbres sociales y hasta los hábitos de higiene, salud y limpieza.

Ya han pasado dos años desde que el COVID-19 fue declarado de manera oficial como pandemia; las cuentas que ha dejado son escalofriantes: 5 millones 580 mil contagios en México, derivado de ellos, 320 mil personas fallecieron. Michoacán no se queda atrás: se reconocen 93 mil 277 contagios a la fecha, con 8 mil 751 personas muertas hasta esta semana.

Aparentemente todo se encauza a la normalidad; oficialmente se reportan menos enfermos y fallecidos, por lo que la reapertura de actividades (curiosamente) se da por decreto en vísperas de las actividades de Semana Santa; como preámbulo a la semana mayor, los niños y jóvenes, por decreto, ya regresaron a las aulas, la activación económica está a todo lo que da, incluso ya se autorizan aforos al 75 por ciento, olvidando que precisamente esta gran conmemoración litúrgica desató durante los dos años anteriores una letal y fatídica ola de contagios.

La humanidad puede salir adelante y recuperarse, pero para ello, tendrá que estar dispuesta a asimilar nuevos hábitos en todos los sentidos. Actualmente, las familias se están adaptando a la pandemia a costa de dejar de pagar algunas obligaciones, como la luz y el agua, que son servicios básicos. También hacen frente a la situación suprimiendo las comidas diarias esenciales, o reduciendo las porciones.

Al final están comprando comida más barata, y si se adaptan a las circunstancias de el COVID-19 con estos métodos, es seguro que van a empeorar las cifras de desnutrición infantil, particularmente las de sobrepeso y de obesidad, que ya sufren uno de cada tres niños en edad escolar en México. Esto es muy grave, porque según las estadísticas del número de niños que están afectados por el virus, los más vulnerables son aquellos afectados por esta dolencia.

Por otro lado se encuentra la incertidumbre de lo que sucederá con la educación, al enfrentarse las familias con modelos educativos para los cuales ni remotamente se encontraban preparados, por lo que hasta es un alivio regresar de manera presencial a las aulas; la mayoría todavía no saben distinguir entre la educación virtual y la educación a distancia, por lo que no les ha quedado de otra que ser sólo acompañantes de sus hijos cuando estos reciben sus clases por procedimientos con los que no están familiarizados.

Y finalmente está la salud mental; aunque el miedo se percibe en todos los ámbitos, hasta para ir a la tienda de la esquina la gente se pregunta si será prudente o no salir con cubrebocas y hasta al subir al transporte público ya se mira con reproche a quienes consideran no están acatando las normas de higiene y salud requeridas. Sin duda, esta pandemia también será conocida como la “pandemia del miedo”.

Una nueva economía

La crisis por COVID-19, a dos años de haberse declarado, está dejando nuevas reglas en las relaciones comerciales, los hábitos de consumo y el peso del Estado frente al mercado; es imposible pensar que esta inimaginable experiencia de mascarillas, distanciamiento social, pérdidas humanas y en general de la cancelación de la vida no traerá consecuencias si es que termina la pandemia o bien si esta llegó para quedarse.

Es pronto para saber exactamente cuáles serán las consecuencias, refiere el economista y educador Sebastián Morales Gutiérrez, del Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación, quien subraya que cuanto más dure la crisis, mayor será el daño económico y social. Los analistas pueden tardar años e incluso décadas en explicar todas las implicaciones de lo que se vive estos días.

Lo paradójico, o no, señala, es que este virus explota las características de la vida que nosotros mismos nos hemos dado: sobrepoblación, turismo masivo, urbes inmensas, viajes aéreos constantes, cadenas de suministros a miles de kilómetros y una extrema desigualdad en el reparto de la riqueza y en los sistemas de salud públicos.

“Probablemente la mayoría de las economías tardarán entre dos y tres años en regresar a los niveles de producción que tenían antes de la epidemia”, asegura, pero la novedad es que la higiene crecerá como prioridad en las agendas de empresas y gobiernos. Quienes han enfocado su producción para cubrir las necesidades del nuevo entorno se han visto menos afectadas, como la industria farmacéutica y la de enseres de higiene y limpieza.

Por otro lado, mientras las compras online están en su apogeo en todos los ámbitos comerciales, incluido el de alimentos, la compra-venta directa está en la lona porque la gente continúa evitando los centros comerciales por miedo al contagio, así que encarga desde los zapatos hasta la comida haciendo uso de las plataformas que ya se han especializado en este tipo de venta.

La pandemia en algún momento pasará y entonces habrá que pensar por qué calles y ciudades caminaremos, porque la Tierra corre el riesgo de caer en una especie de depresión social producto de este tiempo de distanciamiento. “Un colapso personal que será muy duro con la población más aislada y sola, como los ancianos”, alertan los especialistas.

Por lo pronto ya existe una cacofónica palabra que nos da idea del nuevo orden mundial: el co­cooning, el cual es la tendencia a estar más tiempo en casa, socializar menos fuera y hacer del hogar una fortaleza. Y es en ese panorama que la economía mexicana se ha derrumbado 18.9 por ciento en dos años, su peor caída en la historia según Forbes y el INEGI.

Una educación que no se entiende

La labor de los padres de familia en la educación en tiempos de pandemia y de post pandemia será fundamental para garantizar que los alumnos adquieran el nivel de conocimientos necesario y evitar un mayor rezago en la materia; no obstante es una triste realidad que la mayoría no están preparados para ello.

No cabe duda que la COVID-19 ha metido presión a alumnos de educación básica y sus padres por la complejidad que tienen las modalidades virtual y televisiva, así que es un respiro que sus hijos puedan asistir ya de manera regular a las escuelas, sin importar si hay contagio o no, de cualquier forma ya se acostumbraron a convivir con la enfermedad.

La implementación y uso de plataformas virtuales desde marzo de 2020 hasta el fin del ciclo escolar 2019-2020 se justificó diciendo que la pandemia cayó de sorpresa, pero ya fueron muchos meses más de preparación para los años lectivos subsecuentes y la única solución que se dio fue que las clases se dieran por televisión, ¿bajo la supervisión de quien?: de las personas que se quedarán cuidando a los pequeños, así que se cayó al mismo problema.

Para Arturo Domínguez Torres, profesor en la secundaria técnica 3 de Morelia, lo más que pudieron hacer las familias por los estudiantes (no sólo los padres, también los hermanos mayores, los tíos y los abuelos) era revisar que se sentaran frente a la pantalla y que hicieran las tareas, pero fue difícil que los asistieran en materias como química y física, con las cuales simplemente no pudieron ayudarles.

La creación de un sistema educativo universal y de calidad es un pendiente con el que carga el Estado mexicano desde hace muchos sexenios. A pesar de ser uno de los países que más infraestructura tiene para la impartición de clases presenciales, el nivel de la enseñanza ha demostrado no ser el óptimo y menos en un ambiente de post pandemia.

Evitar una afectación a nivel educativo por la pandemia es imposible. En todos lados está sucediendo, sin embargo, por las carencias y desigualdad del sistema de educación en el país, lamentablemente para México será mayor.

Por otra parte, María del Rocío Ávila Santana, doctora en Pedagogía por la UNAM, explica que hoy habrá una carga muy fuerte por el rezago de años anteriores respecto a la falta de capacitación de los maestros en materia de recursos tecnológicos para la enseñanza y el aprendizaje, algo que quedó evidenciado en estos 2 años.

Opinó que todavía se puede implementar un modelo híbrido, pero para que funcione se debe entender que los procesos educativos implican también los contextos particulares del alumno, de las distintas regiones y localidades del país, pero también de los recursos remotos con los que se cuentan. Para ella también la labor de los padres o tutores de los estudiantes será determinante en el éxito o fracaso de la estrategia ya propuesta de “Regreso a Clases”.

En cuenta regresiva

Hace dos años, el 11 de marzo del 2020, la Organización Mundial de la Salud declaró oficial la pandemia y la vida tal como la conocíamos cambió en un instante. Los países impusieron confinamientos, las escuelas dictaron clases en línea, los cines dejaron de operar, los lugares de trabajo cerraron y los hospitales se vieron desbordados por enfermos.

Ahora se sabe mucho más sobre el virus causante del COVID-19 y cómo protegerse de sus peores consecuencias: se cuenta con vacunas que salvan vidas y tratamientos eficaces contra la enfermedad, además del conocimiento de que la buena ventilación, el uso de mascarillas de calidad y varios metros de distanciamiento pueden ayudar a minimizar la propagación del virus.

Aun así, la enfermedad continúa afectando la vida diaria de muchas personas, especialmente de quienes han perdido a un ser querido o siguen luchando con la carga física y mental impuesta por la pandemia.

En los primeros días de ésta, los nuevos casos diarios en el país raramente superaban los 10 mil. Desde entonces, han surgido versiones más contagiosas del virus, incluidas la variante delta, que llevó los casos diarios a más de 175 mil, y la variante ómicron, que demolió todos los récords cuando infectó a casi un millón de personas en menos de una semana en enero de 2022.

A mediados de diciembre de 2020, en México se tuvo disponible la primera vacuna contra el coronavirus, fabricada por Pfizer-BioNTech. Le siguieron las vacunas de Moderna y Johnson & Johnson (J&J) y de ahí varias más; ya para abril del 2021 se efectuaba en el país la vacunación masiva de los grupos vulnerables, comenzando por las personas de la tercera edad.

En casi todos los sectores poblacionales, a excepción de los niños, ya se ha aplicado hasta una tercera ronda de vacunas. Al 1 de marzo del 2022, más del 80 por ciento de la población que puede vacunarse ha recibido al menos una dosis de la vacuna, y casi el 90 por ciento de los adultos de 65 años o más están completamente vacunados con dos dosis de la vacuna de Pfizer. Las dosis de refuerzo (que los expertos dicen intensifican la protección, en particular contra la altamente contagiosa variante ómicron) se han administrado al 66 por ciento de la población mayor de 65 años.

Muchas personas que contraen COVID-19 pueden controlar los síntomas en el hogar, pero ese no es siempre el caso. Fueron muchos millones de habitantes en México los que se tuvieron que hospitalizar desde agosto del 2020 (cuando todavía no se sabía de los alcances del padecimiento).

Los hospitales han soportado una pesada carga estos últimos dos años con la oleada de enfermedades, y los efectos han sido especialmente intensos en los trabajadores de la salud, quienes se han visto abrumados y afectados personalmente por el virus. Miles de ellos se han contagiado y más de 3 mil 600 han muerto, según los reportes oficiales.

La detección de COVID-19 ingresó en una nueva etapa en la primavera de 2021, cuando las tiendas comenzaron a distribuir pruebas para hacer en el hogar. Aunque no siempre estas pruebas están al alcance de toda la población, los expertos dicen que el acceso amplio y simple a las pruebas es clave para ayudar a reducir la velocidad con la que se propaga el virus. La facilidad de detección también es fundamental al momento de tratar la enfermedad, ya que las nuevas pastillas antivirales que pueden evitar que la enfermedad avance son más eficaces cuando se toman al inicio de los síntomas.

Por otra parte, amados u odiados, los cubrebocas o mascarillas ha sido una parte importante de la pandemia desde la primavera del 2020. Es posible que su papel no sea tan preponderante en este año en muchas zonas del país, de acuerdo con lo que ya está siendo establecido en varias entidades federativas, pero no se espera que desaparezcan por completo.

Algunos expertos predicen que serán útiles durante las enfermedades estacionales, como la gripe, además de que muchas personas inmunodeprimidas o que por algún otro motivo corren riesgo de enfermar gravemente por el virus preferirán seguir usándolas.

La cultura laboral se ha modificado drásticamente desde marzo del 2020. Muchos empleados han renunciado voluntariamente a su trabajo o han cambiado totalmente de carrera. Y muchos adultos mayores ya se han jubilado, incluso cuando tenían planeado trabajar unos años más. Una encuesta reciente reveló que, entre las personas que dejaron la fuerza laboral, una de cada cinco se jubiló antes de lo que había planeado debido a la pandemia, pero millones de adultos en el país también han perdido el empleo a causa de la pandemia.

Tales es el panorama que hoy, luego de 24 largos meses, vive el país tras la llegada de una extraña enfermedad que vino a cambiar prácticamente todo.

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