Silogismos| El “amor por los pobres” se reconoce en su multiplicación

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El “amor por los pobres” se reconoce en su multiplicación

Por Antonio Ortigoza Vázquez / @ortigoza2010

Previo a las elecciones en seis estados, tenemos versiones encontradas, dos formas –por lo menos- de observar al país: la que recoge tal cual la propaganda gubernamental, que apela básicamente al ataque directo, con lenguaje agresivo, sin equilibrio, contra la oposición partidista y a la vez con el blanco en las voces críticas de la llamada “sociedad civil.

En la versión oficialista, por ningún lado aparece la desbordada actividad criminal, con cinco mil mujeres desaparecidas, la ya terrible inseguridad de carreteras y caminos vecinales, la creciente inflación, ciertamente importada, pero sin plan de ninguna clase para ser paliada y dentro de todo esto, los golpes internos en el equipo gubernamental de alto nivel, con un Fiscal General que hace ya semanas debió ser destituido por el Senado a propuesta del Ejecutivo. Nada de eso y otras tragedias aparecen en las “mañaneras” de Palacio Nacional

Del otro lado, la prensa crítica y voceros de la sociedad civil describen a una nación sacudida por la ominosa alza de los satisfactores de primera necesidad, con las medidas de viejos tiempos en que por medio de precarios subsidios se tapaba el problema real, tan solo para agravarlo.  El presidente de la República recurre una y otra vez a las encuestas que aún le mantienen en niveles relativamente elevados de aprobación como única respuesta a los clamores de analistas económicos serios, que advierten de una crisis de encarecimiento y escasez tan terribles como en los inicios de la década de los ochenta del siglo pasado, con inestabilidad y franca ingobernabilidad.

Frente a todo esto, solo encontramos la sonrisa cínica cuando se opta por “exigir” a periodistas connotados dar a conocer sus ingresos y propiedades, lo cual no es sino un abuso de poder hacia la sociedad civil, la que cumple precisamente  con su declaración anual ante la autoridad fiscal, donde los datos deben estar resguardados como lo estipula la ley en la materia.

El gobierno utiliza corifeos, lo cual no es novedad, pero sí lo es el uso actual de versiones ostensiblemente falsas con todos los medios a su disposición. Periódicos y noticiarios de radio, televisión y redes sociales, en los últimos meses comenzaron a podar notas y comentarios editoriales de los aspectos ríspidos que los datos duros exponen, dado que la posición gubernamental, de extorsión desfachatada, ya genera incertidumbre, temores ya fundados y amenazas abiertas de personeros. En los primeros cuatro meses del año, la cifra de periodistas asesinados a la luz del día  supera con mucho el cotejo con años anteriores.

Es francamente irritante la forma que el titular del Ejecutivo desmiente, descalifica, las cifras económicas proporcionadas por su propio gobierno.

A finales de la semana pasada se convocó a la población a vacunarse, ya sin los engorrosos trámites con que se estuvo desarrollando el así mencionado programa nacional de vacunación. ¿Por qué el viraje? Porque se supo que había un millón de vacunas que caducarían oficialmente el sábado 30 de abril.

No solo eso: expertos en el tema, como la doctora Laurie Anne Jiménez, señalaron que sigue siendo una total incógnita en qué situación se encuentran 25 millones de vacunas en bodegas, de las cuales fueron “reprogramadas” (¿?) 14 millones para caducar entre el 14 y 24 de mayo. De ese tamaño.

Es claro ya que uno de los principales logros de este gobierno es haber incrementado los niveles de pobreza, y uno de los factores fue que los mexicanos ubicados estadísticamente como “clase media”, descendieron al nivel de pobreza en algunas de las clasificaciones de ese estamento social; y de los que estaban en diversos modos de pobreza, se derrumbaron hacia la miseria.

Así las cosas, la brecha de la desigualdad se ensanchó; miles de millones se han tirado en obras no solo mal planeadas, sino absurdas, como un aeropuerto con seis vuelos diarios y donde las pocas aerolíneas que, con presiones, aceptaron funcionar, ya planean retirarse o disminuir sensiblemente el número de vuelos, porque aviones con entre 15 y  20 por ciento de su capacidad con boleto comprado hace absolutamente incosteable la operación.

Eso fue señalado con toda oportunidad por conocedores del negocio de la aviación, pero fue desdeñado lo mismo con ataques directos y calumniosos como con datos ya crudamente confirmados como falsos. La autocomplacencia como el humor predominante en el gobierno de las ocurrencias ruinosas.

¿Y qué anda mal? Para algunos mexicanos esa situación tan dramática que describen las estadísticas citadas es consecuencia de la forma de organización económica, social, incluso, las político electorales.

El discurso oficial, entretanto, es feroz contra la iniciativa privada en lo general, y en particular a ciertas firmas foráneas, como las del sector energético. Eso, en una situación en que las inversiones urgen de forma dramática y en una forma de organización económica así, la concentración de la riqueza es monstruosa: en México tenemos al hombre más rico del mundo –Carlos Slim– y a los más pobres – decenas de millones de ellos.

Hoy, en México, nos quedamos bajo la impresión del actual gobierno funciona como una inmensa fábrica de pobreza. En esa fábrica, la producción es creciente. Nos ha quedado claro, que de forma histórica, el gobierno, con sus pobres son el botín electoral para todos —no para unos cuantos— aquellos que sirven  al poder en calidad de  clientes cautivos para sus programas sociales (paternalismo puro), aderezados con mensajes, ya no digamos mesiánicos, sino llenos prospecciones fantasmagóricas.

Sin duda, las noticias que salen de México van conformando  la imagen de un gobierno caótico, impopular entre clases ilustradas, donde es  muy cuestionado políticamente. Pero, pese a todo, apalancado por el clientelismo, en paradójico apoyo de sus propias víctimas.

Ese gobierno está siendo presionado a la vez por las fuerzas políticas y sociales, y  grupos de  presión y poderes reales internos y externos.

Queda claro que el presidente de México, tiene muchos enemigos, ciertamente nada gratuitos, pero la mayoría provocados por su propia naturaleza intemperante, agresiva y no pocas veces, majadera.

El Presidente encabeza una vertiente política de una supuesta extrema izquierda, pero en los hechos resulta que utiliza métodos de regímenes de derecha dura; de un “neoliberalismo” (recortes crueles y poco acertados en materia de presupuesto), que harían palidecer al mismísimo Milton Friedman. El manejo, en realidad, es de una especie de ideología que más bien son ocurrencias del momento, como iniciativas legales destinadas a ser bloqueadas por la oposición parlamentaria.

Hace pocos días nos desayunamos con la noticia de un “nuevo plan educativo” que se advierte espeluznante por todos lados: se eliminan los exámenes, los alumnos “se autocalificarán”; se eliminan los programas de nivel internacional y se redefine al maestro como un activista comunitario. Horrible, y tanto, que quien fuera subsecretario de la SEP en los primeros dos años del gobierno, Gilberto Guevara Niebla, señaló como auténtico desastre.

El autor del mamotreto es nada menos que el inefable Marx Arriaga, ese mismo que en un discurso en un municipio de Hidalgo se manifestó en contra de “la lectura por placer”.

Esa carencia de vocación de estadista se manifiesta en las políticas económicas y sociales e incluso culturales de la administración que hoy gobierna a nuestro país.

En todo esto se debe reconocer que el presidente ha sido consistente en una premisa: “Primero los pobres”. Quiere tanto, de tal manera a los mexicanos más desfavorecidos por la fortuna, que se ha dedicado, con ahínco, a  multiplicar los pobres y mejor, convertirlos de pobres a miserables.

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