Las obras del faraón: ¿ficción o realidad?

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Las obras del faraón: ¿ficción o realidad?

Por: Rosalinda Cabrera Cruz

La reciente crisis sanitaria que impactó al mundo, derivada de la pandemia por COVID-19, dejó un severo conflicto económico, que en México se complica cada vez más porque adquirir la canasta básica se hace día a día más difícil, de ahí que urjan medidas que saquen de la miseria a más de la mitad de la población.

Es innegable que muchos mexicanos sufren por hambre, pero al actual gobierno del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y al presidente emanado de sus filas, Andrés Manuel López Obrador, tal parece no importarles lo anterior, dado que en lugar de aplicar remedios económicos contra la hambruna entre los pobres del país, se dedican a seguir invirtiendo dinero al por mayor a las obras faraónicas de AMLO, como el Tren Maya, el Aeropuerto Felipe Ángeles y la refinería de Dos Bocas, entre otras.

A López Obrador se le está acabando el tiempo, el proceso para el relevo presidencial ya se puso en marcha y está a la vuelta de la esquina; para 2024 ya habrá nuevo mandatario en México y de éste dependerá que esas obras faraónicas no se le reviertan, pues a los ojos de los votantes que determinarán quién gane o pierda, lo que se está dejando sentir es que son obras improvisadas en lo fundamental, en las que se están gastando ríos de dinero que salen de severos recortes a otros programas de mayor impacto social, como los destinados a reforzar el ingreso de los trabajadores, la salud y la educación.

Las inauguraciones simuladas, la presión a los constructores para que “terminen” las obras a medias antes de los plazos fijados y los espacios cada vez más largos en las tradicionales mañaneras para justificar su realización, están llevando a la polarización social, y hasta ahora los resultados son dos inauguraciones para la foto y una obra cada vez más controversial. 

Pero nada hace cambiar de opinión al presidente López Obrador para que dé marcha atrás con sus obras insignia, lo que coloca a la nación en los tiempos de la segunda mitad del siglo pasado, con un país centralista arcaico, que está desperdiciando los recursos públicos, que está invirtiendo en Pemex, CFE y empresas de energía que ya no son el negocio que eran antes.

El mandatario, ni duda cabe, está invirtiendo el recurso público en proyectos que parecen más berrinches, cerrándose a nuevas propuestas y vías de solución a la crisis política, económica y social que ahora se vive.

Presupuesto para el relumbrón

Recientemente se dio a conocer el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2023, que no tiene nada de austero, pese a que así lo proclame la presente administración. Aunque se haya asegurado qué no habría nuevo endeudamiento, se ha propuesto el empréstito para cumplir los caprichos del presidente y sus obras emblema, de las cuales, al menos dos de ellas, hasta el momento han sido un fracaso.

En el documento se plantearon recortes para los rubros de salud, educación, seguridad y vivienda para ocupar el recurso en los proyectos del Tren Maya, la Refinería Dos Bocas y el Aeropuerto Internacional General Felipe Ángeles. Lo preocupante del tema, es la intención de solicitar fondos internacionales por alrededor de 1.2 billones de pesos para sumar una deuda total de 8.2 billones de pesos, a pesar de la promesa de no endeudar al país.

La afectación para los mexicanos es clara: el gobierno de Morena se gasta el dinero del país en obras que hasta ahora no han servido, recortando programas que le podrían ayudar a los mexicanos a superar la crisis económica, educativa y de salud.

Cada vez es más evidente que ni el presidente ni su partido tienen claridad en su plan económico. Son muchos los especialistas que aseguran que AMLO llega desesperado a su quinto año de gobierno buscando que Morena gane las elecciones de 2024, porque entre muchas otras cosas, sus obras emblemáticas están incompletas o sin funcionar al 100 por ciento.

A través de diversas plataformas, los expertos también coincidieron en que el titular del Ejecutivo, en sus últimos dos años de gobierno, generará más polarización, y es que buena parte de las promesas de campaña más importantes, incluidas sus obras faraónicas, no van a cumplirse para cuando él llegue a su sexto año, según asegura Ramón Morales Izaguirre, analista y consultor político.

Obras ambiciosas

Los proyectos de AMLO nunca fueron propuestos de manera modesta al inicio de su mandato. En lo que corresponde al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en Santa Lucía, nació para cancelar una obra que había iniciado el gobierno de Enrique Peña Nieto: el Aeropuerto de Texcoco. Al cancelarlo, Citibanamex estimó que las multas financieras que el gobierno de AMLO tenía que pagar eran de 120 mil millones de pesos, además de desatar la incertidumbre entre los inversionistas nacionales y extranjeros hacia el país.

Desde sus inicios, el nuevo aeropuerto en Santa Lucía no contó con estudios de impacto ambiental, se advirtió que sus radiofrecuencias chocarían con las de la terminal antigua, que había que redireccionar sus pistas pues en la zona está el cerro de Paula, que cuenta con vestigios de las culturas teotihuacana, tolteca y mexica, y en lugar de desistir en su construcción, la Sedena decidió reservar por cinco años información sobre la compra de tierras ejidales para su construcción.

Desde finales del 2019 ya se hablaba de consecuencias catastróficas en lo que a la preservación cultural y arqueológica se refiere; investigadores del INAH, enfrentándose a reprimendas presidenciales, realizaron trabajos en la zona, encontrado las osamentas de más de 130 mamuts que vivieron en la región hace unos 12 mil, además de 15 enterramientos humanos correspondientes al período posclásico, no obstante, la zona no fue resguardada y declarada patrimonio cultural de los mexicanos, lo único que se efectuó en el lugar fueron algunos trabajos de rescate arqueológico.

Actualmente (y de ello dan cuenta los molestos medios de comunicación para AMLO), ni los pasajeros ni las aerolíneas quieren usar el AIFA, debido a su lejanía y su falta de conexión con la Ciudad de México, porque es más costoso en tiempo el viaje del AIFA a la ciudad que el vuelo tomado desde el lugar origen.

El gobierno de AMLO presiona y obliga a las aerolíneas a que ubiquen vuelos desde el nuevo aeropuerto, mismo al que le faltan servicios para hacer más cómoda la espera, al igual que obras viales que lo conecten de forma más eficiente con ciudades importantes en sus cercanías; las cifras lo dicen todo; durante septiembre pasado, el nuevo puerto aéreo fue usado por apenas 97 mil 839 personas, de acuerdo con datos de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), mientras que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México fue usado por tres millones 867 mil usuarios y esto no se ha modificado gran cosa durante los últimos meses.

Más que una refinería, una ilusión

En 2018, previo a la llegada de Andrés Manuel a la presidencia, ya se hablaba de la importancia de la sustentabilidad ambiental, y no sólo en México. No son pocas las naciones que, a pesar de contar con redes petroleras, han apostado a la instalación de techos con paneles solares, al impulso al desarrollo de empresas limpias, ambientalmente sostenibles y socialmente responsables; al impulso de la movilidad no motorizada y eléctrica y a incentivar a las empresas para aprovechar la energía solar. 

Pero tal parece que la decisión de construir la refinería de Dos Bocas fue dar un salto al pasado que ahora se ve tendrá altos costos financieros y económicos para el país, pues los especialistas han dicho que aún en operación no servirá para darle un respiro al quebranto que se avizora para Pemex, siguiendo a los investigadores del tema.

Desde 2019, tres calificadoras internacionales han señalado la inviabilidad de Pemex: Moody ́s le ha bajado dos niveles a la petrolera mexicana (de Baa3 a Ba2) y Fitch le ha bajado cinco niveles crediticios a la empresa (de BBB+ a BB-) en menos de dos años. Ambas calificadoras internacionales coinciden en que ha perdido el grado de inversión. En el caso de Standard and Poors, Pemex ha perdido un grado crediticio a lo largo de la actual administración y está en el límite de no ser rentable, por lo que es urgente mirar hacia el desarrollo y producción de energías renovables eólica y solar.

En julio pasado se inauguró, con gran despliegue mediático, la refinería Dos Bocas, contando con la presencia de la crema y nata de Morena, todos desviviéndose ante un presidente que al parecer ya enloqueció, porque inauguró una refinería que no refina nada, y que refinará algo hasta dentro de algunos años.

Es decir, el presidente y su gobierno inauguraron una obra no terminada, que no sirve aún, que según los especialistas es probable que su vida útil sea muy breve, en medio de un cambio mundial a las energías de fuentes renovables para sacudirse de la esclavitud del petróleo y que, por si fuera poco, le ha costado a México más del doble proyectado por AMLO. Según esto, el gobierno se gastó más de 16 mil millones de dólares.

Cabe destacar que en esa inauguración, el mandatario señaló (y así consta en las grabaciones del evento) que el país empezaría a refinar sus productos derivados del petróleo para fines de 2022; la realidad es que esta refinería podrá operar a su máxima capacidad hasta 2026, de acuerdo con la consultoría Scala, pese a que el tabasqueño en esta misma semana cambió su primera fecha, pero ahora para 2023.

Un tren sin rumbo

El esperado tren turístico bautizado como “Maya” ha estado envuelto en la polémica desde que se inició su construcción hace 3 años. El Centro Mexicano de Derecho Ambiental, que impulsa un amparo, denunció tala de árboles en zonas protegidas y la fragmentación de ecosistemas que podría convertirlos en áreas “biológicamente degradadas e inhóspitas”.

No sólo eso; los ambientalistas también han advertido sobre afectaciones a cuerpos de agua, especies animales en peligro de extinción y a manglares (al interrumpirse su conectividad con los acuíferos subterráneos).

Para nadie han sido secretos los encontronazos entre AMLO y los ambientalistas, que han denunciado de igual forma anomalías en avalúos catastrales y en una consulta ciudadana de 2019 que, según Naciones Unidas, incumplió estándares internacionales; pero el gobierno insiste en que la obra será construida sobre área previamente impactada (lo que no han podido demostrar).

Los montajes han estado a la orden del día. Recientemente, durante un recorrido organizado por Fonatur, la AFP observó cómo fueron levantados los antiguos rieles para colocar nuevos durmientes. Según la entidad, allí no había selva virgen, sino “vegetación secundaria” que creció ante el desuso, pero a los costados hay ganado y cultivos, mientras la espesa mancha verde, que esconde jaguares, monos y cocodrilos, se pierde en el horizonte.

Por si las dudas, para mitigar el impacto, Fonatur proyecta ampliar de 730 mil a 1.2 millones de hectáreas la extensión de Calakmul (Campeche), la mayor reserva mexicana de bosque tropical. Asimismo, prevé un plan de salvamento y adecuación del patrimonio arqueológico para protegerlo ante un mayor flujo turístico, pues durante las obras se descubrieron miles de vestigios que no han podido ocultar (o destruir).

Mientras esto ocurre, las obras del Tren Maya han registrado varios rezagos desde que inició su construcción; en enero pasado, el recién designado titular del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Javier May, anunció que se cambiaría el trazo del Tramo 5 del tren y ya no sería elevado.

Posteriormente, con más precisión el 25 de julio, ante el caudal de denuncias de destrucción de selvas y afectaciones, así como por los constantes cuestionamientos, el titular del Ejecutivo anunció que el Tren Maya fue catalogado como obra de seguridad nacional (al igual que se hizo con el AIFA), para así evitar que las obras se detengan ante los amparos que enfrentaba el Tramo 5 por diversas organizaciones ambientalistas, que acusaban que no contaba con las manifestaciones de impacto ambiental correspondientes; sin embargo, el presidente ha insistido en que la obra concluirá en 2023.

En el caso de esta obra faraónica, las licitaciones para la construcción del tren huelen a corrupción. El primer segmento, que irá de Palenque a Escárcega, Campeche, fue contratado a la empresa Mota-Engil México, por 15 mil 538 millones de pesos. La segunda parte, de Escárcega a Calkiní, Campeche, se atribuyó a Operadora Cicsa y FCC Construcción, con una inversión de 18 mil 553 millones de pesos. En tanto que la compañía encargada del tercer trecho, que va de Calkiní a Izamal, Yucatán, estará a cargo de Construcciones Urales, por 10 mil 192 millones de pesos.

El primer tramo fue adjudicado a una empresa beneficiada durante el gobierno del ex presidente Enrique Peña Nieto. La constructora que ganó la licitación del segundo tramo fue imputada en octubre del 2019 en España por pagar presuntamente sobornos a políticos y funcionarios de Panamá a cambio de obras públicas en ese país. Y la compañía ganadora para edificar el tercer segmento, fue la que construyó el segundo piso del Periférico de la Ciudad de México en 2005, cuando López Obrador estaba a cargo de la jefatura de gobierno (sic).

Polarización al máximo

La defensa de estas obras insignia ha sido férrea y monumental. Para Francisco Alonso Gutiérrez, sociólogo de la Universidad Tecnológica de México, el mandatario emanado de Morena llega desgastado a su quinto año de gobierno, por el contacto directo que tiene con los medios, día a día. Aunque también atribuyó a esta propaganda a que su aprobación no baje del 50 por ciento.

Consideró que durante los últimos dos años que le restan de mandato, AMLO se dedicará a generar polarización en el país, porque con ello se afianza el apoyo de su objetivo electoral.

Estimó que “lo que podríamos ver en el futuro va a ser muchísima polarización porque el presidente, al polarizar, afianza el apoyo de sus mercados electorales, entonces ahora también va a tener que prepararse Morena para hacer algo que no había tenido que hacer, que es presentar cuadros competitivos”.

Concluyó que “cada vez el presidente recurre más a la polarización, porque se ha dado cuenta de que tiene un sector competitivo en las urnas, tiene un segmento de población que no necesita escuchar ningún dato macroeconómico, ni ningún dato de seguridad, para votar por él” y para justificarlo, en ello se incluyen las macro obras que lo caracterizan.

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