Heroínas incómodas bajo la sombra

Investigaciones

Heroínas incómodas bajo la sombra

Por: Rosalinda Cabrera Cruz

Existe una buena parte de la historia mexicana que no ha sido contada: el papel de las mujeres frente a la guerra. En estas fechas en que se destacan los hechos relevantes del movimiento de Independencia en México, siempre se hace encomio de lo efectuado por los héroes, a quienes siempre se reconocerá (no inmerecidamente) como los gestores de un México libre.

A través de los siglos, muchas mujeres han sido solo la sombra de figuras que todos conocemos de la Independencia, como Miguel Hidalgo y Costilla o José María Morelos y Pavón, a excepción de algunas pocas a quienes se les ha reconocido como heroínas, cuando en realidad los papeles que la mayoría de estas mujeres desempeñaron en el conflicto armado de 1810 en muchas ocasiones fueron indispensables para llegar a buen puerto.

Sin ellas, la consumación de la Independencia no hubiera sido posible, puesto que de su parte hubo desde apoyo económico, hasta sostén de los bienes de los hombres que estaban en el campo de batalla, el cuidado de sus hijos e incluso muchas enfrentaron el fusilamiento por sus ideas y tenaz defensa de las ideas libertarias.

No fueron pocas las que, con sus influencias y su increíble forma de hablar, movieron a mucha gente para que se uniera a la lucha y así fueran miles más quienes enfrentaran a las fuerzas realistas para lograr la tan ansiada emancipación.

Mucho tiempo ha pasado desde que México logró su Independencia y estos personajes femeninos no han logrado salir de las sombras como las heroínas que fueron, algunas incluso siguen bajo el suelo, esperando que algún día la sociedad mexicana deje de creer que solo por pelear a golpes o matar con armas, se es digno de estar en plazas y lugares que conmemoran hechos históricos.

La vida de las mujeres en el siglo XIX

Antes de iniciar el movimiento armado, la vida de las mujeres de la clase media y alta en México fue siempre en el ámbito de lo privado; su principal labor era la atención del hogar, manteniéndose siempre regidas bajo el dominio masculino. No se puede ignorar que desde tiempos inmemorables el papel de la iglesia fue principalmente activo en los pensamientos de la sociedad, mostrando un marcado límite entre lo que debía o no hacer la mujer en esos tiempos.

La instrucción escolar para las mujeres de clase social más alta se reducía a enseñarles a leer, pero no a escribir, no precisamente porque las mujeres fuesen incapaces de aprender el arte de la lectoescritura, sino por el afán de someter y mantener un control sobre ellas y así evitar que mantuvieran comunicación mediante cartas a espaldas de sus cuidadores.

Todo esto ocasionó que su papel al inicio de la guerra fuera el de quedarse en casa, ya que se les creía incapaces de participar en un conflicto armado por ser débiles, por no tener instrucción militar de ningún tipo o un sinfín de argumentos más.

Pero hubo mujeres que desafiaron el sistema ya establecido y que a pesar de que en la guerra no hubo cupo para ellas de manera abierta, lucharon junto con los hombres para buscar la libertad, para después ser olvidadas y posteriormente casi eliminadas de la historia en donde solo caben héroes hombres.

La vida antes de 1810 e incluso después para muchas mujeres, no fue fácil; si las mujeres de clase alta la pasaron mal por los pensamientos de una sociedad machista, ahora imaginemos cómo vivían las mujeres de la clase baja, mujeres que debían obedecer un sistema de opresión basado en la obediencia y la buena conducta. Ser mujer implicaba un desafío en el cual estaban obligada a realizar múltiples tareas, que iban desde cuidar de los hijos (y esto se complicaba más si eras madre soltera, algo muy mal visto), porque debían salir a buscar para darles de comer, luchar para darles una buena vida, al menos mejor que la que ellas mismas llevaban.

También estaba implícito el pudor, la virginidad hasta el matrimonio, cumplir con el concepto de “buena mujer”, buena ama de casa, buena madre, buena religiosa y buena ciudadana, ya que cualquier tipo de rebeldía era mal visto por la sociedad. No es de extrañar que no se hablara de todas las mujeres que dieron su vida por la independencia, y que de sus vidas antes y después de la guerra no se cuente casi nada o que para muchos fueran totalmente desconocidas.

Da inicio el movimiento independentista

En una sociedad dominada por el régimen patriarcal, la explotación de la guerra de Independencia en el 16 de septiembre de 1810 supuso la movilización de ejércitos liderados por hombres, esto causó que dichos varones abandonaran a sus familias y salieran a enlistarse en las filas insurgentes que buscaban conseguir la tan ansiada libertad, dejando sus hogares, sus pertenencias e incluso sus vidas en manos de sus esposas, madres e hijas.

Por otro lado, las mujeres se convirtieron en el sustento de sus familias, ya que en una guerra como la de dicha magnitud, poca era la esperanza de que sus maridos volvieran a sus hogares. En la Nueva España se inicia la guerra de Independencia en el pueblo de Dolores, a manos de Miguel Hidalgo, un cura inteligente que había conspirado para lograr emanciparse del control de España. Dicha conspiración fue exitosa y el 16 de septiembre de 1810 se levantaron en armas los ejércitos insurgentes liderados por Hidalgo, Allende y Aldama, que les permitieron apoderarse de Querétaro, Guanajuato y Guadalajara, a ellos se les unieron numerosos contingentes sin armas, disciplina, o entrenamiento; al mismo tiempo, muchas mujeres que sintieron en su alma tal patriotismo, se unieron a la lucha o ayudaron económicamente a la conspiración.

Las mujeres que permanecieron en sus comunidades y en sus casas, no solo se sentaron a esperar a sus maridos que volvieran del campo de batalla, sino que estuvieron tan activas como las que se fueron a la guerra. Sus labores consistieron en sostener en pie a sus familias, cuidar a los enfermos, a los heridos y a los huérfanos, proteger a insurgentes que huían de los realistas, buscar de comer y por ende preparar, algunas incluso salieron a pelear, otras prepararon planes para lograr la Independencia exitosamente y otras tantas utilizaron sus influencias para enlistar más mexicanos a la causa.

Ejemplos de amor a la Patria

Ejemplos de algunas de las muchas mujeres que sintieron la lucha como parte de ellas son las que aquí se nombran:

Es difícil no iniciar con la moreliana Josefa Ortiz de Domínguez, quien al saber que se conspiraba contra los independentistas, se declaró por los conjurados y avisó en un correo particular a Hidalgo y Allende, que habían sido descubiertos, advirtiéndoles que corrían peligro. Su intervención como mensajera en el movimiento de Independencia obedeció a un marcado sentimiento patriótico de la misma manera que queda evidenciado que se negó a recibir cualquier tipo de recompensa por el apoyo leal que había prestado a la consecución de la guerra.

En 1789 doña Josefa, muy joven, ingresa al colegio de las Vizcaínas, su instrucción la posiciona como una mujer cuyo apoyo al movimiento insurgente no se da de forma casual; su compromiso de hecho se puede observar tiempo atrás, al organizar tertulias literarias cuyo eje central de discusión fue el político. Su coincidencia con Allende e Hidalgo y su participación en el movimiento, permiten ver a Josefa Ortiz como una operadora del proyecto ideológico, si bien no hay muchas fuentes que hablen de esto, el pasaje en su vida logra que haya ciertas consistencias con dichas ideas.

Junto con ella, la historia ha colocado a Leona Vicario; su activismo en la guerra se ve cuando escribe constantemente a los jefes insurgentes para que no decaigan y continúen en la lucha. Las cartas enviadas a su esposo, Andrés Quintana Roo, son el claro ejemplo de que a Leona le interesaba saber sobre la situación del levantamiento armado, conservando todas las cartas que eran enviadas a ella como respuesta y al mismo tiempo protegiendo la identidad de quien las mandaba, estructurando un código o claves basado en cifras cuando se refería a asuntos delicados en los que se pusiera en riesgo a alguien o al movimiento mismo.

Otras de las tantas actividades que llevó a cabo doña Leona y que tuvo muchísima importancia, fue la de conquistar con sus palabras de elocuente patriotismo el corazón de los jóvenes que engrosarían las filas insurgentes, encargándose inclusive de entregarles armas y municiones; su interés fue tal, que se informaba si los jóvenes habían llegado sanos y felices.

Uno de sus hechos relevantes, que fue de vital importancia para el movimiento insurgente, fue que convenciera a los mejores armeros vizcaínos a fin de que fabricaran fusiles, mismos que construyeron y resultaron perfectos.

Ella sostuvo con su propio patrimonio a las familias de los armeros a la par de socorrer a los acusados de insurrección, cubría el valor de las armas, municiones y gastos de viaje de los jóvenes que mandaba a los campos de batalla, además de encargarse de otorgar todo lo que necesitaban, como pistolas, armas, frasquitos de colirio celeste y agua de cimbrón, también de hacer componer sus relojes de bolsillo, así como de fabricar ropa necesaria para los rebeldes.

Leona Vicario fue el claro ejemplo de mujeres fuertes, capaces de todo por conseguir sus convicciones, que dejó de lado los estereotipos de su época y que logró ser vista como una heroína que desafió el orden establecido por la lucha de la libertad en la que dejó todos sus esfuerzos y deseos.

Tras de un ataque en su contra de parte de Lucas Alaman, quien buscaba minimizarla como mujer, ella respondió magistralmente dando voz a todas las féminas independentistas: “Sr. Alaman que no solo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos y que los sentimientos de gloria y libertad no le son sentimientos extraños… Por lo que a mí me toca, es decir que mis acciones y opiniones han sido siempre muy libres, nadie ha influido absolutamente en ellas, y en ese punto he obrado siempre con total independencia… Me persuado de que así serán todas las mujeres exceptuando a las que por efecto de su educación hayan contraído un hábito servil”.

Y qué decir de la patzcuarense Gertrudis Bocanegra Mendoza, cuya misión consistió en organizar las fuerzas liberales y facilitar la entrada a la ciudad de Pátzcuaro. Para ello desarrolló e impulsó eficazmente el correo insurgente de la región Pátzcuaro-Tacámbaro; organizando toda una red de comunicación. Fue traicionada, y ya presa sufrió terribles interrogatorios. Sujeta a proceso fue sentenciada y fusilada el 11 de octubre de 1817. En su último aliento exclamó: “No desmayen, sigan luchando por la causa de la Patria. Llegará el día de la libertad”.

Desde Veracruz, María Teresa Medina de la Sota Riva también fue un ejemplo de heroísmo desinteresado. Ella asumió la lucha por la Independencia de México y en 1812 se compromete directamente apoyando la formación de una junta de insurgentes, a la que apoyó económicamente.

Descubierto el movimiento por las autoridades virreinales, se reorganiza como Junta Gubernativa Americana; finalmente, es obligada por el gobierno virreinal a abandonar su tierra natal y a vivir en la Ciudad de México. María Teresa es el claro ejemplo de mujeres que, aunque no pelearon mano a mano contra las fuerzas realistas, su compromiso con la causa independentista fue tal, que ayudó al sostenimiento del ejército, ya que sin el dinero, muchas acciones armadas no hubieran sido posibles.

Un capítulo aparte en la historia de México le corresponde a María Ignacia Rodríguez, apodada “La Güera Rodríguez”.

De clase acomodada en la Ciudad de México, apoyó al movimiento armado usando precisamente su posición social y económica como miembro de la alta aristocracia novohispana, para escuchar y comunicar información a los rebeldes sobre estrategias del ejército realista.

Maltratada e incluso golpeada por alguno de sus esposos (se casó varias veces), fue juzgada ante la inquisición por su apoyo al movimiento independentista. Existen muchas opiniones al respecto de esta mujer, los cuales se centran principalmente en su vida personal, dejando de lado su importante contribución a la independencia de México fungiendo como activa comunicadora.

Se ofrecieron hasta como alimento

Un desconocido personaje fue Altagracia Mercado, mejor conocida como “Heroína de Huichapan”, quien con su propio dinero armó un pequeño ejército al enterarse del comienzo de la lucha independiente. Se puso a la cabeza del ejército y dio pelea a los realistas en una cruenta batalla. Al terminar el combate, fue la única en pie y sin mostrar temor, con la valentía que la caracterizaba, siguió peleando hasta que fue capturada por el enemigo. Su gran valor y entereza causó mucha admiración por los jefes españoles, y así evitó el fusilamiento, aunque la costumbre indicaba que los prisioneros debían ser asesinados inmediatamente; el argumento fue “Mujeres como ella no deben morir”.

Muy tenaz también lo fue Luisa Martínez, libertaria que proporcionaba a los rebeldes noticias oportunas, víveres, recursos y les enviaba además comunicaciones de los jefes superiores con quienes tenía continua correspondencia. Fue descubierta debido a que el hombre que trabajaba como su correo fue sorprendido, la traicionó y doña Luisa fue aprisionada y encapillada. Para recobrar su libertad además del pago de dos mil pesos, prometió no volver a comunicarse con los insurgentes. Su promesa fue rota y volvió a la causa por la que se sentía estrechamente identificada, fue perseguida otras tres veces más, se le multó varias ocasiones, hasta que no pudo pagar cuatro mil pesos y fue fusilada en 1817.

La lista de heroínas es muy larga, pero no se debe dejar de mencionar a Antonia Nava y Catalina González, las que durante el sitio a Tlacotepec, cuando el hambre era angustiante para los insurgentes, ante el general Nicolás Bravo se presentaron estas dos mujeres, con otras más, señalando: “No podemos pelear, pero podemos servir de alimento para que sea repartido como ración a los soldados”, dijo Antonia e intentó herirse con un puñal. Todos impidieron la acción, sin embargo, esto ocasionó que se fuera el desaliento de los soldados. Las mujeres se armaron de machetes y garrotes y salieron a pelear junto con ellos contra el enemigo.

Hoy en todo el país se vitorean los nombres de los caballeros valientes que lucharon por la Independencia de México, dejando de lado nuevamente de lado a estas valientes, a la espera de que en algún momento se dé el debido reconocimiento a sus aportaciones para conseguir una Patria real.

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